La relectura crítica - con su irrenunciable y característica carga de profundidad idiosincrática- de las propias lecturas y comentarios de Freud sobre la historia del pueblo judío es incuestionablemente brillante, y convence definitivamente al lector de que el intento, por parte de los aparatchiks del Likud y de los sionistas fundamentalistas, de asimilar el judaísmo a las más radicales pretensiones y apologías de un particular modelo de sionismo -esencialista e imperialista-, deviene una posición que, sometida al más estricto rigor intelectual, se antoja claramente insostenible y constituye un verdadero acto de traicióna la propia naturaleza pluralista de la historia del pueblo judío.