Cuando Camín critica lo que odia (la injusticia, la ignorancia, la hipocresia, la guerra, la tortura, la represión, la dictadura...) adjetiva su visceralidad de tal forma que resulta imposible separar al autor de la obra. No estamos leyendo Rosa de Natahoyo, estamos mascando la impotencia y la desesperación de un hombre perseguido, expatriado, condenado por sus ideas e ideales. La estancia de Rosa en la cárcel la utiliza para ilustrar el miedo de los inocentes y el terror desatado por los autores del golpe de estado de 1936, dolosos vencedores de la Guerra Civil: los que llegaban no eran leones, eran lobos y pedian sangre