¿Hay una combinación más intrínsecamente humana que esa guerra sin cuartel entre libertad y fiesta, violencia y sacrificio, carácter y frustración que es el fútbol? Espejo del Homo ludens descrito por Huizinga: ese afortunado personaje con el don de jugar, el verdadero sentido de su vida. El fútbol todo lo convierte en representación, en espectáculo, pero nunca dejará de ser otras muchas cosas; entre ellas, uno de esos hilos invisibles que padres e hijos se inventan con el fin de unirse para siempre. Instalados frente a una maquinita súper engrasada con millones de euros, dólares, yenes, pesos, y retransmitida urbi et orbe.